Así viví aquel 3 de agosto en Río 2016, cuando el surfing se oficializó olímpico

Y que hoy se cumplen 10 años; el detalle de cómo se vibró de costado; el CEO de la WSL enojado tapándome la cámara, editores de Surfline que tuvieron miedo de hacer periodismo y una fiesta con Veuve Clicquot, entre otras cosas


Hoy hace exactamente 10 años que el surfing se oficializó como deporte olímpico en Río 2016 y sé exactamente cómo transcurrió mi jornada porque ahí estuve para presenciar y reportar sobre el histórico suceso.

Seguí desde siempre el camino del surfing olímpico. Porque me interesó pero también porque me tocó vivir desde adentro en la ISA todas las amargas en lo que tiene que ver sobre esto.

Fui jefe de prensa de esa institución entre 2007 y 2013 aproximadamente y la realidad es que entre los países más desarrollados del surfing mundial no gozaba de mucha fama. Sí, por el contrario, entre las naciones en desarrollo.

Sea como sea, lo que sí viví desde adentro fue la ambición de Fernando Aguerre de que el surfing llegue a ser olímpico. Algo que cuando me fui de la ISA todavía parecía bastante difícil.

Luego de un pasaje de unos años por el diario El Observador, la mejor escuela de periodismo que pude tener en mi vida, logré el sueño de trabajar en Surfline y tuve que explicarles a los editores estadounidenses de la importante fecha que se aproximaba.

Nadie iba a festejar antes de tiempo pero todo estaba dado para que el surfing sea real en Tokio 2020.

Los organizadores lo querían, el movimiento olímpico se había modernizado… Iba a suceder que junto con el skate y la escalada, el surfing ingresara al mundo olímpico, lo que cambiaría su historia para siempre.

Tuve que explicar a los editores porque pretendía que paguen mi ticket y gastos para el viaje, para la cobertura histórica.

Como siempre en una actitud medio desagradable que tuvo esa web, lo que les planteaba lo miraban de arriba y con desconfianza.

Finalmente intercedió el propio Aguerre que con su a veces necesaria prepotencia explicó a sus amigos o conocidos que lo miraban de tú a tú, que lo que estaba por suceder era histórico y cambiaría el mundo para siempre, especialmente el mundo del surfing.

Ahí llegué al mundo olímpico con el que había tenido algún contacto desagradable en 2009 cuando me tocó organizar el surfing en los Juegos Odesur de Playa y lidiar con un montón de cosas desagradables, como que para comprar una lapicera había que hacer una gestión pública, pero especialmente las lambeteadas a las distintas autoridades que uno presenciaba.

Encima eran todos o casi todos poco deportistas. No quiero entrar en polémicas, simplemente gente que representaba el destino del deporte, no se los veía practicando mucho deporte.

Pero en fin. Ahí fui nuevamente, pero en un escenario mucho mayor. La ciudad, una de las más lindas del planeta, vestida para la cita olímpica.

La decisión de si el surfing sería o no incluido en Tokio 2020 iba a ser tomada en la sesión del COI.

No fue una locura de prensa la que se hizo presente ni tampoco había una locura de gente. Al final de cuentas, los interesados en esa reunión éramos unos pocos periodistas especializados (yo era el único del mundo del surfing), algunas agencias y familiares y empleados de las federaciones involucradas.

Lo que más me acuerdo de la reunión fue que no se entendió nada en qué momento fue oficial que el surfing fue olímpico.

Pero finalmente la reunión llegó a su fin y en los abrazos que le dieron a Aguerre no hubo dudas de que se estaba celebrando.

Me pasó por al lado y rompí todo el protocolo y le hice una pregunta. Con su respuesta celebró a mi celular que el surfing estaba adentro.

Y se fue para afuera. Ahí esperaba su familia, Gabriel Medina, Carlos Burle y, en una buena jugada mediática, Aguerre captó la atención de la prensa que ya estaba afuera.

Cualquiera podría haber creído que solo el surfing había sido incluido.

Fue gracioso porque en el medio de esa fiesta, con cámaras de canales internacionales y de los grandes brasileños filmando a Aguerre, apareció Paul Speaker, que en aquel entonces era CEO de la WSL. Quiso robar un poco de cámara, no lo logró.

El que entendió que estaba ahí era yo y le comencé a hacer preguntas que lo incomodaron, del estilo que ahora era amigo de la ISA cuando la WSL había sido antipático con la ISA toda la vida.

Speaker se puso violento, me mandó apagar la cámara, yo no tenía por qué hacerlo e insistí con mis preguntas. Tapó la cámara con su mano y quedó con un digno boludo.

Por ahí terminó esa parte de la fiesta.

Luego hubo una conferencia de prensa con los tres deportes nuevos. Ahí sí hubo más gente y el foco estuvo casi íntegramente enfocado en los despelotes que tenía el skate, representado por el patín con los mejores skaters del mundo o varios de, en contra de la inclusión.

Ahí terminó eso y me fui a procesar toda la información y el material.

Los editores de Surfline en California ya estaban asustados de lo que había sucedido con Speaker y en lugar de defenderme, querían cuidar su trasero. Mi pregunta primera fue: ¿Acá estamos para hacer periodismo o qué? Y su respuesta fue dubitativa… Claramente, ahora lo sé bien, ninguno de ellos estaba para hacer periodismo.

La verdad que puedo decirlo tranquilamente, malos editores, malos periodistas y malas personas. ¡Y cagones!

Pero por suerte, mi encrucijada ética y el despelote que se me podría haber armado tuvo una solución buena porque Dave Prodan que en aquel entonces era Prensa de la WSL me ofreció una exclusiva con Speaker.

Se disculpó en su nombre y me dijo que fue un momento nervioso para él y que como no me conocía actuó mal.

Que me ofrecía el uno a uno con él.

Básicamente le hice las mismas preguntas pero de forma educada y sin una cámara apuntándolo.

Sentados en un lindo hotel en Río de Janeiro.

Pero antes: Fiesta.

En un refinado barrio carioca se destaparon varias botellas de Veuve Clicquot… Mi tío me había hablado del refinado champagne, yo no lo había probado e hizo honor a su renombre.

No fue la mega fiesta, al otro día tenía esa entrevista. Pero se pasó super bien. No estaba Medina pero estaba Burle con algunos otros y por supuesto Aguerre y amigos. No sé de quién era la casa, pero era una mansión preciosa.

En fin.

Me fui a la entrevista al otro día, hice las preguntas, era nota para español e inglés y lo que terminó saliendo (mal ahí Marcus) fue una versión muy aminorada de las preguntas más pesadas que le hice.

Por esto es que amo tener mi propio medio.

No tengo que lidiar con cagones que tienen miedo de quedar mal con la industria, que le tienen miedo a perder un patrocinador, una marca, etcétera.

E insisto siempre: Si el periodismo se hace bien, nadie puede ofenderse, uno está comunicando algo que sucedió, algo que otro hizo, algo que es relevante para el mundo.

Más que ahuyentar marcas, uno las atrae cuando el periodismo está bien hecho.

Fue el comienzo de un camino alucinante.

Fue increíble que no fue nadie del mundo del surfing.

Luego a Lima 2019 y a Tokio 2020 tampoco fue ningún medio gringo de esos que todos le acarician el lomo. Era yo y Joe Carberry de The Inertia.

Ya para Tahití se avivaron y mandaron a un par más.

Se dieron cuenta que la cosa era grande.

Hoy hace 10 años de una primera de las coberturas más lindas de mi vida y del comienzo de varias de las más lindas de mi vida.

Y ojalá sean mucho más.

El camino del periodista es muchas veces muy ingrato. Me he enfrentado a miles de acusaciones que para mí son espantosas, críticas violentas en redes, amenazas y demás pero vale la pena cada segundo.

Soy un fanático de informar todo esto.

Y más fanático de hacerlo sin ningún cagón. Es duro ser mi propio jefe muchas veces. Es duro tener adentro al jefe comercial y al jefe editorial, es duro estar condenado a ser pobre o relativamente pobre toda la vida… Pero lamentablemente no lo cambio por nada.

Celebro por esos 10 años de surfing olímpico porque para mí valieron un montón.

Antes, en unos 30 años de periodista hice muchísimas coberturas que me enorgullecieron, pero con el surfing olímpico estas están en la altura más alta, son las que requieren mayor responsabilidad y las que obtienen mayor visibilidad.

Amo los CTs, amo un ALAS, amo un campeonato local, amo al surfing. Solo que eso es otro nivel.

Lo único malo es que cuando va a esos lados hay que seguir lidiando con los lambetas, las escalas de acreditaciones con más poder que otra y los políticos del deporte que les queda poco de deportistas.

Pero todo siempre es interesante.

Por más coberturas olímpicas. 10, 20, 30 años más… Todas las que me dé el cuerpo.

Y debo decir: Gracias a los lectores de DUKE que siempre apoyaron de su bolsillo para hacerlas posibles y a la ISA también, que valoró al periodismo independiente que siguió el proceso desde el día 1 y más de una mano me ha echado.