“De esos momentos en que todo se queda en silencio y solo escuchas el mar encima de ti”
El relato de una de las mejores surfeadas este año, por Pollo Vargas “Sentí que el océano, de alguna manera, me estaba recordando que el trabajo silencioso también tiene su recompensa”
Por Héctor Pollo Vargas - Foto de portada: Captura del video de @mmirandaescobar
Hace dos días viví una sesión que para mí marcó el inicio real de este año.
Estaba en mi casa y no pensaba que el mar estuviera tan bueno. Sabía que estaba “pasado”, que no se veía ni muy ordenado ni especialmente grande. Pero mi amigo Miguel me llamó y me dijo que estaba mucho mejor de lo que parecía. Ahí hablé con Martín Fuenzalida y mi primo, y decidimos ir a Punta de Lobos.
Cuando llegamos, el panorama era otro: Olas de cuatro a cinco metros, bien tubulares, sin corriente y con ese clásico que pocas veces se ve tan limpio. Me quedé como 40 minutos mirando, tratando de entender dónde estaba la mejor posición y cuál era realmente la ola que valía la pena.
Venían muy chupadas, muy verticales. No estaban fáciles. De hecho, estaban difíciles de agarrar, sobre todo con tablas largas. Había que estar muy preciso en el lugar exacto y en el momento justo.
Me faltaban las cuatro quillas y Martín me prestó las que necesitaba. Bajé a preparar todo con mi papá, que como siempre estuvo ahí motivándome y dándome consejos. Eso para mí significa mucho. La tabla que usé es una Marbella 10’5” que me hice hace poco y todavía la estoy probando, así que también era un desafío para el equipo.
La entrada fue limpia, sin corriente, y pude cruzar tranquilo. Eso me dio confianza. Las primeras olas las tomé un poco más abiertas para ir soltándome, porque hacía tiempo que no surfeaba olas grandes y tenía ese nervio bueno que te mantiene atento.
Y después llegó esa ola.
Me pude posicionar bien, hacer la línea como la imaginé y conectar un tubo profundo y limpio. De esos momentos en que todo se queda en silencio y solo escuchas el mar encima tuyo. Fue una sensación muy especial.
Más que el tamaño, fue lo que significó para mí. He surfeado poco este último tiempo, pero he trabajado mucho, he entrenado, he estado constante en el mar en todo tipo de condiciones. Sentí que el océano, de alguna manera, me estaba recordando que el trabajo silencioso también tiene su recompensa.
Vivir en Pichilemu y poder correr olas así, con poca gente y rodeado de amigos, es algo que valoro mucho. Salí con adrenalina, pero sobre todo con gratitud.
Hoy estoy enfocado en seguir creciendo, entrenando y haciendo las cosas bien, paso a paso. Estoy abierto a sumar personas y marcas que quieran ser parte de este camino, de manera real y a largo plazo.
Hasta ahora es la mejor ola del año para mí, y una de las más especiales que he corrido en mucho tiempo.
Ahora toca seguir. Ola a ola.
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