Editorial: Breves charlas con Carlitos

Y dos conceptos que compartió que vale la pena contar mientras surfeábamos las olas chicas de Encuentro


Carlos Cabrero es un core lord, OG le dicen en inglés hoy en día; para mí de los surfistas más respetados de toda América Latina y con uno de los logros más destacados que jamás logró un latino en la historia de la región que fue ganar el HIC Pipe Pro del 2000.

Contra Andy Irons, Braden Dias y Dingo Morrison.

En Pipe puesto, él fue el mejor y logró la primera victoria para América Latina en la reina de las olas, 15 años antes que la tormenta brasileña.

Me llamó la atención verlo surfeando olas diminutas en Encuentro, en las tardes de viento y literal, como le dicen knee to waist high, de la rodilla a la cintura. Y se lo dije para embromarlo un poco pues al hombre le gustan los mares pesados y es normal verlo mandándose de cabeza en olas que pocos humanos animan a ver de adentro.

¿Qué hacés surfeando olas tan chicas vos? Se rió y me contó que luego, cuando entran las grandes está fuera de forma y se tira de cabeza y se lastima todo.

No es que le pase a todo el tiempo pero Cabrero ha sufrido alguna que otra lesión, la última pesada fue en 2023: Fractura de cráneo en Margara, una ola que conoce como pocos. Si le pasó a él, que deja para el resto de los mortales.

Y es cierto, el gustito que deja el surfing sea en la ola que sea, el toque biomecánico, por más gym y la mar en coche, te deja mejor preparado para cuando finalmente entran las olas.

Lo dice él que es uno de los mayores expertos.

Al otro día, o al siguiente me lo encontré de nuevo. Éramos solo nosotros dos en el agua. Los dos fisuras, el mar malísimo, yo feliz en el agua caliente y con la tablita que me prestó Manuel Selman.

En el ida y vuelta, charlando alguna que otra cosa, Carlos me manda su reflexión, en su acento boricua bien boricua, fue algo así: “Sabes, el surfing es alucinante, no importa cómo están las olas cuando encuentras una buena tabla, si la tabla te encanta, la pasas increíble igual”.

Le dije: “Esa twin fin está increíble, ¿no?”.

“Exacto. No importa en las condiciones que las use”, me respondió diciendo que no podía explicarlo… Y no tenía, se lo veía fluyendo por esas izquierditas chiquititas mientras que uno zapateaba para conectar secciones y agarrar algo de velocidad.

Y es cierto, encontrar una tabla mágica, te genera un amor, una dependencia, unas ganas de usarla sin parar en la ola que sea.

Me contó que era una Christiensen y que si tenía tiempo tenía que mandarme hacer una.

Por adentro pensé que primero tengo que tener dinero.

Pero fueron dos lindos conceptos los que cruzó el legendario boricua en un ratito en el agua.

Bien reales, bien ciertos y bien auténticos. Pocas palabras pero de las buenas.

Quedó en mostrarme la tabla, pero no nos vimos más. Igual no tengo que verla para saber que le anda; lo vi surfeando.