Editorial semanal: Lo que realmente sucede cuando estás surfeando

La falsa poetización del acto de deslizarse en las olas


He escuchado en más de una ocasión que ir a surfear es el lugar en el que básicamente los problemas quedan atrás, desaparecen, se olvidan y uno solo se dedica a disfrutar de las olas.

He escuchado que los problemas se quedan en la orilla, como si se deslindara el humano que va surfear y atraviese un filtro al tocar el agua que conviertan dos personas distintas, una dentro del agua sin problemas y otra afuera del agua con la vida real que tiene, como todo el mundo, problemas.

Discrepo rotundamente.

Sí creo que luego de surfear siempre uno sale mejor que cuando entró. Pero ese proceso no es solo color de rosas.

Sí, también es cierto que un problema que yo tenía antes, lo voy a mirar desde un mejor lugar que antes de entrar al agua.

Sí creo que pese a ser un ejercicio físico, el alma y el cerebro, también se ven beneficiados.

Nunca jamás en mi vida ni surfeando la porquería más grande que jamás pueda alguien imaginarse, aquí en Montevideo (en el Río de la Plata), incluso partiéndome la cabeza contra una roca o pegándome el pie frío subiendo la escalera de la Honda, yo salí sintiéndome peor de lo que entré. Siempre mejor.

Pero, en ese tiempo, especialmente en esas sesiones solitarias, de las que tuve muchas, porque las amo, porque odio surfear con gente, en el mar me encuentro conmigo mismo al 100% y no todo lo que encuentro es paz y amor, y en ese proceso de yo y el mar, no es que dejo a mi vida atrás.

Todo lo contrario: Surgen preocupaciones, planteamientos, se da una conversación interna conmigo que siempre me hace bien pero que no deja de ser desafiante.

No es solo un elixir de felicidad.

Claro, por supuesto que hay mil momentos de risas, de satisfacción… De sentirse de manera alucinante. Pero una cosa no deja de lado la otra.

Pero sí, el salir del agua, el mirar al costado y ver el sol poniéndose desde el mar, la vida sucediendo por ahí y vos ahí en el medio del mar, ¡qué maravilla! Sea donde sea en las olas que sean.

Me pareció importante tirar abajo eso que se repite tan seguido, que poetiza el acto de surfear. Tiene de lo lindo, mucho de lo lindo, es tan tan tan lindo que dedicamos literalmente toda nuestra vida a eso. Pero ahí adentro (del mar) y aquí adentro (de la cabeza, del pecho), también pasan cosas, de las buenas y de las malas.