Editorial semanal: Sacrificar olas buenas por tranquilidad es una buena decisión

Menos crowd y más tiempo con la familia es una mejor elección


Foto de portada: Gastón Tournier

El otro día hubo olas en Uruguay, de esos días lindos de verano que combinan calor con condiciones divertidas. Encima después de varios días de pocas olas.

Me desperté temprano, trabajé y me dispuse a ir a surfear.

Empecé a mirar algunas cámaras y vi todos los spots posibles, relativamente cercanos adonde me estoy quedando, todos absolutamente repletos.

Dudé un poco, y después no lo dudé más.

Me fui a una olita cerca de casa, que quebraba chiquita, de buena forma, pero sin absolutamente nadie en el agua.

Yo lo lamento mucho pero será que seré cada día más viejo antipático, pero no me da nada de ganas ir al agua en un mar con gente.

Tampoco me da ganas hacer esa eterna recorrida por encontrar una ola sacrificando el tiempo que podría estar compartiendo con mis hijos.

Vi algunos videos de ese día, escuché historias y sí, estuvo seguro mucho mejor que la olita que me surfeé yo.

Pero no me arrepiento de nada. Estoy feliz de haber surfeado un rato cerca de casa, olas más chicas pero absolutamente solo y de haberme divertido un montón para regresar rápido, feliz de la vida, para compartir con los enanos otro día de verano.

El paso del tiempo creo que acomoda un poco estas cosas y las prioridades quedan claras.

Hay momentos cuando el corazón cuadra con irse lejos a buscar la mejor ola posible de toda la costa, y otros días en los que el corazón te dice que no es la mejor idea.

Me encanta que sea así. No me llevé la mejor del día seguro, nada más lejano, pero me divertí un montón y volví a tiempo para pasar un día hermoso en familia.

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