Guía Hawái exprés con Pablo Montero

El gallego pasó un par de semanas en el North Shore y comparte sabios consejos e informaciones para surfear en la meca y no morir en el intento


Foto de portada por Gonzo: Pablo recogiendo lo que fue a buscar en la reina de las olas. 

Tienes dos semanas libres y Billabong te ofrece quedarte en la casa de Pipeline con parte del equipo internacional, ¿qué haces?

El surfista gallego Pablo Montero no se lo pensó dos veces y se embarcó en su primera experiencia en Hawái. Brinda un montón de consejos que pueden traer luz a los que estén perdidos preparando su primera misión a las islas.

El autor de esta guía, Pablo Montero de Galicia, cumplió su sueño hawaiano aunque según dice le quedó pendiente llevarse su bomba en Pipe. Va a tener que regresar. Foto: Adrián Rodd

LA BUENA ELECCIÓN DE VUELOS PARA PAGAR MENOS POR LAS TABLAS
El típico miedo antes de ir a Hawái son todas las historias que oyes con los vuelos y las tablas. Amigos que me contaron que tuvieron que abandonar tablas en el aeropuerto de Honolulu por el dineral que les pedían o los límites de números de tablas por pasajeros.

Miré y pregunté para evitar sorpresas y por lo que pude averiguar, cuando haces un viaje en avión con todos los vuelos dentro de la misma alianza aérea y reserva, el precio de las tablas que va a predominar es el del vuelo más largo. Es decir, desde España tenía dos vuelos con Iberia y otro con American Airlines y como el más largo era el Madrid-Los Angeles operado por Iberia que ahora no se paga, no me costó nada llevar mis tablas hasta las islas.

A mi vuelta el vuelo largo era de American Airlines así que pague los $150 que me pedían por la funda de tablas llena.

Muchas veces el lío viene cuando compras por un lado el vuelo de Hawaii a Estados Unidos y por otro el de Estados Unidos a tu casa. Ahí es cuando te arriesgas a pagar doble, y más aún con alguna compañía hawaiana o de bajo coste.

Como curiosidad, mi primera escala de vuelta de Hawái fue en el mismo sitio y el mismo día en el que murió Andy Irons, en Dallas. Todo una coincidencia cuando unas semanas antes presentaba su película en una sala de A Coruña.

Esto es lo que se ve cuando finalmente llegas a Oahu después de unas cuantas horas de viaje. Foto: Ginés Díaz

EL TRANSPORTE EN LA ISLA
Moverse del aeropuerto de Honolulu al North Shore cuesta unos 150 dólares por trayecto en taxi y un poco menos en Uber. Así que, si puedes, yo te recomendaría alquilar un coche porque, además de ahorrarte el transporte de ida y venida al aeropuerto, te va a dar mucha libertad para moverte de una ola a otra (por ejemplo de Sunset Beach a Haleiwa hay unos quince minutos en coche), para ir al supermercado o a Honolulu para dar una vuelta (está a una hora).

El precio aproximado de alquiler de coche es de unos 45 dólares por día.

Aunque, vale decir que en el North Shore fácilmente sobrevives con una bicicleta. Hay un señor en Rocky Point que las arregla y las vende a unos 70 dólares.

Si vas tu solo quizás la bici sea la mejor opción, pero si estáis de dos o tres yo recomendaría alquilar un coche.

La gasolina es barata así que puedes andar todo lo que quieras en coche, salvo a algunas horas del día, en las que hay un tráfico que no avanzas, teniendo en cuenta que la carretera de la costa es de un solo carril y de que en Honolulu el tráfico no es muy fluido.

La banda española en el North Shore: De izquierda a derecha: Arnau Riera, Ignacio Guisasola y el autor de la nota, Pablo Montero. Foto: Adrián Rodd

LA COMPAÑÍA
Mi compañero de viaje, como casi siempre, fue Nachito Guisasola (19 años, de Galicia). Allí nos juntamos con el catalán Arnau Riera, que suele pasar un par de meses al año en la costa norte e hizo un poco de guía para nosotros.

También nos unimos un poco con los canarios Ginés Díaz y Adrián Rodd, que venían de grabar el Ironman de Hawaii (el más antiguo y prestigioso triatlón del mundo) en la Big Island. Con ellos sólo estuvimos un par de días así que aprovechamos para sacar unas fotos y rememorar juntos viejas historias; luego se volvieron a España ya.

Como las olas estuvieron parecidas todos los días (nada clásico), nuestra rutina era casi siempre la misma: Levantarse más o menos temprano, surfear, desayunar, surfear, comer, surfear y cenar. Todo muy fácil teniendo en cuenta que, de la carretera general para un lado tienes todas las olas (que además rompen en todas las mareas) y para el otro están todos los restaurantes y food trucks, además del supermercado.

Quedarse en la casa Billabong en la primera línea frente a la playa solo puede darte sonrisas como la de la foto. Crédito: Ginés Díaz

EL ALOJAMIENTO
Hay que buscar bien para que no te suponga un gasto importante. Un buen precio serían $35 por persona y por noche compartiendo habitación. Nacho y Arnau alquilaron una en Rocky Point por 70 dólares la noche con acceso a la cocina.

Si tienes coche, la zona te va a dar más o menos igual, aunque no hay nada como vivir en primera línea de playa y poder surfear justo delante todo el rato. Yo tuve la suerte de poder quedarme en una de las dos casas que tiene Billabong ahí, justo delante de Backdoor y Off The Wall, y fue una de las mejores experiencias de mi vida.

Pero quedarte en segunda o tercera fila sería brutal también. Yo recomendaría a la gente que buscase alguna habitación en Airbnb que estuviera entre Off the Wall y Sunset, porque todo te quedaría cerca.

No cualquiera parafina la casa mirando Backdoor y Off the Wall frente a sus narices, camina 20 pasos y ya está surfeando una de esas dos olas. Privilegios de quedarse en la casa Billabong. Foto: Adrián Rodd

QUEDARSE EN LA CASA BILLABONG
Conozco a los Moniz desde hace muchos años por el QS del Pantín Classic. La verdad es que poder haber ido a surfear con ellos aquí en Hawaii por primera vez teniéndolos de anfitriones y siendo el año que Seth se clasifica para el CT ha sido la hostia. Además, una vez instalados en la casa de Billabong (suelen estar allí de octubre a marzo) me ayudaron un montón con la elección de olas y de las tablas.

Básicamente la vida en la casa era la siguiente: las habitaciones se ordenaban según ranking, a los groms les solía tocar la parte de abajo de la casa, a mi y a la mayoría de los del equipo nos tocaba el primer piso mientras que los más tops dormían en el segundo.

Había tres cocinas y varios salones. Cada uno solía hacer vida y cocinar más o menos en su zona pero en el jardín y en la terraza estábamos todos juntos, éramos como una gran familia. Algún día hacíamos cena conjunta (me acuerdo de un día que me tocó hacer tortilla española) y entrenamientos conjuntos a cargo de Raynos Hayes, con el que preparaban la Triple Crown (yo tomaba apuntes de todo lo que decía, jeje).

Ignacio Guisasola bajando una buena el día que Pipe quebró y que en el agua estaban solos los tres españoles. Foto: Andrew Storer

DE COMER: EL POKE BOWL ES CLAVE
La regla de oro para el ahorro en comida eran los Poke bowls del Fooland (es el único supermercado que hay ahí). Yo tomaba uno al día mínimo; eran buenos, bonitos y baratos. Cada uno a aproximadamente 7 dólares.

Otro buen spot para comer era Ted’s bakery en Sunset Beach, en la que un plato podía durarte todo el día. Precio: 12 dólares por plato.

La otra opción era comprar en el súper y cocinar, pero para eso el Foodland no era tan barato y el Costco te quedaba un poco lejos y exigía carnet de socio y comprar en grandes cantidades. Para que os hagáis una idea, comprar en el Foodland podía costar el doble que comprar en un supermercado cualquiera de España. Conseguíamos hacer el día por unos $20.

Salir a cenar fuera supone unos $40 por una cena normal así que fue lo único que eché de menos.

Montero encontrando una sombra en Rocky Lefts. Foto: Ginés Díaz

SPOTS
Mi objetivo claro era el de buscar la ola de mi vida en Pipe (como todos jeje), pero no me llegó la oportunidad.

El primer gran swell que recibió la North Shore cuando estábamos allí fue demasiado norte y sólo rompió bueno Sunset (era mi segundo día y ya estaba estrenando el 7’2). Pipe ni rompió ese día por la dirección.

Sunset es una ola muy divertida pero también muy difícil de surfear. No me la imaginaba tan difícil cuando veía a los chicos de la Triple Crown surfearla desde el ordenador de mi casa…

Se entra fácil desde la playa (sólo hay que remar un par de minutos) pero colocarte bien en el pico es lo más difícil, más que nada porque hay tres picos y según la dirección o tamaño de cada ola ésta rompe en un lugar o en otro. Este es un detalle que nos explicó muy bien Rainos Hayes, el entrenador del equipo Billabong en Hawaii.

Por suerte llevas una tabla larga, que te va a ayudar a avanzar más al remar pero, por obviamente sacrificas movilidad lo cual te afecta cuanto más te acercas a la última sección, la del bowl, más hueca se va a poner la ola.

A los pocos días entró otro swell, pero este venía del sur. Cosa muy rara en esta época del año por lo que me dijeron así que aprovechamos para conocer las míticas olas de Ala Moana y Kewalos. ¡Una gozada! No me imaginaba que había estas olas en la zona de Waikiki, Honolulu. Yo me imaginaba olas largas y tendidas pero hay unos reefs lejos de la playa bordeando toda la zona sur que tienen mil olas. No tienen la fuerza de la North Shore pero están muy divertidas igual, lo malo es que, al estar en la ciudad, están bastante masificadas. Los hermanos Moniz viven por el sur y en la época adecuada es buena opción. Flipé con la cantidad de picos que tienen.

Con el siguiente y último swell del viaje por fin pudimos surfear Pipeline por primera vez. Fue un baño bastante surreal porque estábamos los tres solos en el agua. La mayoría de las olas (el 99’9%) que venían cerraban (dirección norte); pero de vez en cuando venía alguna ola suelta del oeste directa para nosotros solos. Al día siguiente el mar por fin se puso de oeste y pudimos ver un Pipeline precioso de metro y medio. Los locales iban en las mejores de la serie pero alguna de las mediana pudimos surfear. Fue una gozada. No había tanta tanta gente.

La mayoría de los días surfeamos Rocky Point y Off the Wall de menos de un metro. Me sorprendió mucho lo cerca que están unas olas de las otras (menos de 100 metros) y la poca profundidad que hay en todas estas olas (incluidas Pipeline y Backdoor). El agua está muy transparente y fácilmente se pueden ver las cuevas que se forman por la diferente profundidad entre zonas muy próximas.

Es decir, yo iba remontando y si me iba a caer una ola encima buscaba el sitio donde cubriese más para poder hacer bien el pato. Una locura. No creo que sean olas aptas para todos los públicos. Tal vez las olas que están a la izquierda de Rocky Point o la derecha que rompe antes de llegar a Sunset sea lo más adecuado para niveles no muy altos, pero tampoco es que sea muy fáciles y seguras que digamos.

“Yo me llevé en total seis tablas: un 6´0 Pukas, un 6’3 CI, un 6,4 JS y un 6’7, 6’10 y 7’2 Rob Vaughan”, cuenta el surfista que en la foto siente una de sus espadas abajo del brazo. Foto: Adrián Rodd

QUIVER
Yo me llevé en total seis tablas: un 6´0 Pukas, un 6’3 CI, un 6,4 JS y un 6’7, 6’10 y 7’2 Rob Vaughan.

¡Ha sido la primera vez que usaba todas las tablas que llevaba a un viaje! Me sentí muy cubierto para todo tipo de olas.

Lo que suele hacer la gente, y más los surfistas tops, es encargar las tablas con antelación a los shapers locales (Tokoro, Arakawa y Pang), para que nada más llegar a las islas las tengan listas. Esta es la mejor opción yo creo porque la mayoría de las veces las tablas de olas grandes que usas en casa no te van en Hawaii y viceversa. Son olas y tablas muy diferentes y especiales, de ahí que mucha gente las use sólo cuando está allí, de hecho muchas veces ni las traen de vuelta, las dejan allí para el próximo año.

En cuanto al mercado de segunda mano, hay bastante, sobre todo en la zona de Haleiwa. Las tablas que recomendaría llevar son las que tengas para surfear olas grandes en casa, tipo 6’3 a 7’2.

Si tuviera que dejar una, dejaría la de olas pequeñas, porque surfear con tablas algo más largas, aunque esté pequeño, te va a ayudar a manejar mejor con tu tabla larga cuando esté algo más sólido.

CUÁNDO IR Y ALGUNO QUE OTRO CONSEJO MÁS
Por fechas, yo creo que noviembre y diciembre es cuando más gente hay, así que quizás la mejor época para ir sea enero y febrero. En octubre hay menos olas pero también menos gente. Yo intentaría evitar los campeonatos (tanto de surf como de body) porque es cuando más gente suele haber. Por lo demás, a disfrutar mucho del paraíso, comer muchos poke bowls, tratar de agarrar la ola de tu vida y disfrutar mucho de cada día aunque las olas no estén perfectas. ¡Aloha!

Guisasola volando en Rockies. Foto: Ginés Díaz