“Pensé en simplemente entregarme a Dios y dormirme”

Cuando estaba por darse por vencido Pablo Madrigal fue rescatado por un grupo de surfistas de Playa Grande, Costa Rica. Este es su relato

Pablo Madrigal, 30 años, asegura que los surfistas, que llama ángeles, le salvaron la vida. 

Un joven de 30 años llamado Pablo Madrigal casi se ahoga el pasado fin de semana cuando celebraba su aniversario en en uno de los spots más conocidos de Costa Rica para surfear, Playa Grande.

Fue a bañarse junto a dos amigos y se los llevó la corriente. Dos pudieron zafar y Madrigal quedó boyando por un buen rato hasta que un grupo de surfistas lo rescataron. Esto fue lo que relató en una carta que publicó en su Facebook:

Esta foto fue tomada al menos 2 horas antes de que, estoy seguro, la vida me haya dado “la bofetada” más fuerte que pueda recibir, y una segunda oportunidad que me brinda Dios. Espero que lo pueda leer porque necesito y siento que tengo que compartirlo con usted.

Estoy escribiendo esto con lágrimas en mis ojos, sin temor a reconocerlo, un consejo, cuando tengan que llorar, lloren, desahóguense. Ahora, les cuento la experiencia más fuerte que haya tenido en mi vida, y si salí airoso de esta es porque Dios tiene un propósito para mi vida.

“Este sábado 19 de enero me encontraba vacacionando en Guanacaste celebrando mi cumpleaños 30, decidí ingresar al mar de Playa Grande con dos amigos y una amiga mientras que mi prima y otros dos amigos se quedaron en el espacio que tomamos como nuestro durante la estadía en dicha playa.

En un momento dado y sin darnos cuenta (fueron segundos) mi amiga nos indicó que no tocaba la arena, me di cuenta que yo tampoco lo hacía, empecé a empujarla hacia afuera mientras yo también batallaba, uno de mis amigos logró salir pero el mar le impidió volver a ingresar para ayudarnos y el otro trató de ayudarnos a mi y a mi amiga, jamás podía con los dos, seguí dando todo de mí y mi amigo se encargó de mi amiga.

Momentos después quedé solo yo en el mar batallando por mi vida, con piernas y brazos a todo lo que me daban mis fuerzas, me hundí algunas veces y tragué agua, y en un par de momentos dije a mí mismo “ya no aguanto” y pensé en simplemente entregarme a Dios y dormirme, ya estaba muy cansado y no podía más y veía a lo lejos, muy a lo lejos a los que esperaban ansiosos que yo lograra salir. El pensar en mi familia, mis amigos y prima que estaban ahí viéndome y esperando a que alguien me ayudara, y otras cosas más que pasaron por mi mente hicieron que de nuevo siguiera en mi lucha, que en ese momento era solo mía.

Alrededor de 10 o 15 minutos después, para mí una eternidad, llegaron 2 muchachos (ángeles) uno tico y otro extranjero, y con sus tablas lograron toparme, dicen que a la par venía otro muchacho y una muchacha pero no recuerdo bien haberlos visto. Ya fuera del mar pero sin fuerza ni energía, con la respiración alterada, dolor en mi pecho, espalda y cabeza llegó un tercer ángel que estuvo junto a mis amigos animándome, no me dejaba dormirme y me explicaba como respirar mientras me hacían preguntas para ver si estaba consciente y un señor más aparte hacía oración por mi recuperación, según me contaron mi prima y mi amiga.

Tiempo después entre la gente que se reunió a verme y policías llegó la ambulancia y me llevaron a la clínica de Filadelfia en donde me evaluaron, medicaron y me tuvieron en observación por alrededor de 3 o 4 horas conectado a una bolsa de suero y medicamento, estaba deshidratado y contracturado, para así poder regresar junto a mis amigos y prima.

Ayer domingo decidimos no ir a la playa pero seguimos disfrutando y agradeciendo a Dios por esta segunda oportunidad de vida.

Con esto quiero decirles, aunque dicen que nadie aprende por cabeza ajena, que aunque sea una persona que a partir de mi experiencia sea más precavido con el mar, le diga a las personas que aman que las aman, y que agradezcan a Dios por sus valiosas vidas, estaré más que satisfecho.

Me gustaría por supuesto volver a ver a los cuatro muchachos que me sacaron, al señor que estuvo orando mientras me sacaban, el muchacho que fue por su botellón de agua para lavarme la arena y que luego también me manguereó antes de subirme a la ambulancia, y al señor que nunca se apartó de mí hasta que me llevaron a la clínica, lo único que sé es que este señor es de Tibás, lo único que veo viable para encontrarlo y agradecerle tanto es compartiendo esto o si alguno escucha algún comentario de esto que pasó tal vez por ahí le pueda llegar.

Después de esto lo que les puedo asegurar es que no volveré a ser el Pablo de antes. Esta situación cambió mi vida por completo. Gracias Dios por mi vida y por la de usted que leyó esto acerca de ‘la bofetada más fuerte que me dio la vida'”.

En Costa Rica 149 personas murieron ahogadas en 2017 lo cual equivale al 20% de las muertes accidentales y 38 personas más que el año anterior, según informó el Poder Judicial de ese país en un informe de Personas Fallecidas Accidentalmente.