El examen dio negativo. ¡Qué alegría! Diario de un viaje a El Salvador

Entrega uno

La nueva normalidad.

La cobertura especial de este evento es presentada por Surf City 

El examen dio negativo. ¡Qué alegría!

Debo admitir que el proceso fue más nervioso de lo que me imaginaba. Yo trabajo en mi casa, llevo a mis dos hijos a la escuela y no suelo ver muchas más personas. Nada tenía que salir mal…

Pero voy al supermercado, veo a mi madre, mi hermana, algún que otro amigo… Y las conexiones de cada uno terminan siendo gigantes y desconocidas. Por eso el virus se esparce tan rápido…

Entonces, en medio de un resurgimiento de casos en Uruguay, me sentí nervioso.

Una vez que me encajaron los tubitos por caños que mi cuerpo ni sabía que tenía, me sentí más nervioso. A ver, si yo no tenía Covid-19, el insistente y molesto hisopado algo iba a encontrar; el cañito ingresó a lugares que ni la vida misma sabe que uno tiene.

Pasé mis 24 horas de parroquia, de stand by, de meditación, de armar la valija y sacarle la parafina de agua fría a las tablas, pero sabiendo siempre que podía dar positivo. Imaginaba el título de la segunda entrega del diario: “Un año malo que terminó malo”… Era dramáticamente interesante pero personalmente lamentable. ¡Dame un poco de vida, Dios! 

Y pasé, claro, porque la mente es una bestia, por todos los sentires del Covid: Por momentos sentía que me dolía la garganta, por momentos que me dolía la cabeza, por momentos mi cuerpo se sentía raro. Jamás dejé de sentir el rico olor del café… Pero uno nunca sabe.

Cuando llegó el email, a las 10am de hoy, lo abrí acelerado: “No se detectó la presencia de SARS-Co V-2 en la muestra analizada”.

Grité un: “¡Vamo!”. Se lo comuniqué a mi hijo mayor, lo celebré con el menor. Se lo mandé a toda mi familia y amigos. Y me lo dije a mí mismo… Pensé que este año de mierda (Pardon my French), ¡tal vez termine bien! ¡Qué sorpresa!

Ahora, con un whisky de por medio, hago tiempo para salir al aeropuerto. El vuelo sale a las 3:58. No es viable que duerma de 22 a 2.

Tras tres días de intensa acción, dejé a Juan y Felipe en lo de su madre a eso de las 19:00. Felipe no me soltaba del abrazo… Con tantos viajes míos en su vida, una semana pensé que iba a ser más fácil. Pero en fin.

Los dejé y me vine a casa.

Ahora es raro dejar la morada sola, sin despedidas de por medio. Sin voces ni ruido alguno.

Después me llegó un mensaje de WhatsApp de la madre de los nenes que me decía que Pipe lloró un rato luego de lo que me fui.

Me da pena que no estaré para llevarlo a la escuela mañana de mañana, como en todas las mañanas. Y gracias, Nacho, papá de Gonchi, que me hará el favor… No hay como la amistad con los padres de los amigos de tus hijos; esos son los que en verdad te salvan las papas y cuidan lo que más te importa de la vida.

Son muchas las palabras que se necesitan para celebrar que el mundo no vuelve a la normalidad, pero que los humanos hacemos que vuelva. Es la característica más asombrosa de los humanos: Podemos sobrevivir al Sahara, al Everest y al puto Covid 19.

Entonces, hay un campeonato en El Salvador y yo lo voy a cubrir.

Y, Dios me permita, voy a volver a cuidar a mis hijitos y seguir siendo feliz, con todas las acepciones de lo que yo pienso es la felicidad.

Me voy al aeropuerto.

Las olas perfectas de El Salvador reciben al tour ALAS. Foto: Billy Watts