Algunas impresiones tras encontrarme con Kelly Slater aquí en Japón

Llegó el rey a Miyazaki


Presenta: International Surfing Association y Tubos Surf School 

Los ISA World Surfing Games presentados por Vans están realizándose en Japón y el hotel principal, el ANA Holiday Inn tiene, hace ya varios días a muchos de los mejores del planeta compartiendo el desayuno con seres comunes y corrientes como uno.

Stephanie Gilmore, Owen Wright, Julian Wilson son algunos, no son nombres menores y verlos comiendo el mismo pan con manteca que uno, impresiona, pero ver a Kelly es otra cosa.

Unos minutos atrás, terminábamos una cena amena de casi puros latinos, conversando con el presidente de la ISA, Fernando Aguerre, su esposa Florencia, el vicepresidente Karín Sierralta, su esposa Johanna y el director general de la ISA, Bob Fasulo, que es ya casi latino tras tanto años de trabajo con Aguerre.

En plena charla sobre algo que ya no recuerdo pero creo era importante y apasionado en ese momento, Aguerre cortó la conversación exclamando al aire: “¡Eeeeey!” y apareció lo que en principio pareció ser un pelado de camiseta gris con una bolsita de nylon blanca en sus manos, y micro centésimas de segundos después fue reconocido en mi ser como el mejor surfer de la historia, ese que llenaba mi pared del dormitorio cuarto, mi corazón y pupilas con su surfing desde hace tantos años, el propio Robert Kelly Slater.

Ese que hasta mi tía Ana sabe quien es porque de niño no paraba de hablar de Kelly (y de grande todavía lo hago).

Entonces, Aguerre, que era el único a quien Kelly conocía, cordialmente nos presentó a todos. Cuando me tocó a mí, le dijo: “Él es Pablo, un periodista de Uruguay”, me miró a los ojos y procedí a estrechar su mano. Lo miré fijo, y su apretón fue fuerte y certero, bien dado, intenté que el mío fuera igual (se puede saber mucho de un hombre por su apretón de manos).

Los siguientes segundos fueron de reconocimiento de la situación que estaba enfrentando: Reaccionar y darse cuenta que estaba ante él, intentar contener la emoción para no quedar como un estúpido, no tirármele  arriba a pedirle una foto, una entrevista o intentar escuchar lo que hablaba con Aguerre.

Como no hubo mucho intercambio, miré a Sierralta, con quien hemos compartido decenas de campeonatos y los dos entendimos lo que estábamos sintiendo. Hablamos alguna cosa para hacer menos incómodo el momento (éramos todos unos nenes boquiabiertos)…

Volví a mirarlo a Kelly, pensé que era increíble que tuviese 47, lo bien que está para esa edad, y se lo comenté a Fasulo.

No paré de preguntarme qué diablos tenía en la bolsita de nylon, parecía una señora que volvía de la feria, se veían algunos papeles y no mucha cosa más. Pero, ¡¿cómo puede ser que un tipo como Slater ande por la vida guardando cosas en una bolsita de nylon como de repente hago yo o hacía mi abuela Ena?!

Segundos o minutos más tarde, no tengo ni idea, se escucha que le dice a Aguerre que estaba con otra gente y nos saluda con un adiós, previo a retirarse.

Se terminó la tensión y todos respiramos, nos miramos con cara de entender lo que nos estaba pasando, hicimos nuestras apuestas sobre cómo le va a ir en el campeonato y procedimos a retirarnos.

Antes de venirme al cuarto del hotel, donde batallo con un jetlag maldito que o me deja despierto a las tres de la mañana o me duerme a las cinco de la tarde, pasé por la tienda que es un piso más arriba. Ahí, unos adolescentes iban de aquí para allá y se reían estúpidamente, hablando en voz alta, es fácil adivinar qué les había pasado.

Cuando salí vi hacia abajo que Slater seguía con su comitiva de cuatro y caminaba hacia el ascensor... Y, para hacer la noche un poco más increíble, se abrió la puerta y ahí estaba.

Nervioso, entré rápido, derechito a mi huequito asignado, Slater me preguntó si no iba a marcar el piso (qué estúpido fui), miré y le dije que estaba “OK", que "ya estaba marcado mi piso”.

En el trayecto hablaron sobre distintos lugares de Japón adonde se podía ir a surfear, y las distancias para llegar a ellos, seguramente pensando en el swell que entra mañana.

Como si fuera poco, el ascensor paró y se subió Michel Bourez, que saludó a todo el mundo y, por las dudas (habrá pensado que estaba con Slater), me estrechó la mano a mí. Para ser un tahitiano musculoso, su apretón fue bastante suavecito.

Slater se bajó un piso antes que yo y por ahí terminó la historia.

Ya lo había visto algunas veces en persona al mejor de la historia, pero su magia no deja de pegarte una piña en la cara. Son muy pocos los deportistas con los que uno “comparte” una vida entera, casi ninguno, diría (¿qué futbolista, tenista, etcétera, lleva más de 30 años compitiendo en el primer nivel y uno le sigue cada paso todo lo que puede?), supongo esa es la mejor explicación para este sacudón: Que el nivel de admiración es demasiado alto y se estira por muchísimos años...

Ahí estaba Kelly cuando di mi primer beso, tuve mi primera novia, cuando mis padres se divorciaron y también cuando conocieron a otros y tocó vivir la desagradable experiencia de aunarme a otras familias. Ahí estaba cuando mi padre se murió, me gradué, me casé, tuve hijos, cuando me caí y cuando me levanté y cuando decidí dejar la vida por ser un periodista de surf. Y ahí está todavía... Debe ser eso lo que sacude tanto el simple hecho de ver a ese ser humano.

Y, por más cool que uno quiera ser o hacerse parecer, más objetivo profesionalmente, en algunos momentos, tal vez, en situaciones como esta, no hay coolness que valga y todos, sea como sea sacamos nuestra alma de "cheerleader" del lugar donde la tenemos escondida.

Y creo humildemente que no es para menos, es Kelly Slater.