Sobre la importancia de respetar la libertad de las personas de pensar como piensan

Y de lo fundamental que es discrepar sin tapujos, aceptándolo como una de las cosas más normales de la vida


Si uno tiene que valorar algo de lo que tiene en su vida, la libertad seguramente, pocos dudan, es lo más importante.

La más básica expresión de la libertad es la de pensar con libertad y la siguiente es la de expresarlo.

La libertad es el bien más sagrado que tenemos los que “somos libres” (el entrecomillado refiere a que en una estructura social siempre existen reglas que de alguna manera restringen la definición más pura de la libertad).

Dejando de lado a la filosofía y metiéndonos en la libertad que nos compete, todos los que no están amenazados de pistola y que pueden decir lo que quieren, viven, son parte de una estructura sana; está bien expresar lo que uno siente y piensa, sin tapujos y con respeto.

Y aquí viene el desafío más grande, ese que ha causado guerras y violencia innecesaria.

Uno piensa una cosa y otro piensa otra… No hay que pegar, no hay que enchastrar, no hay que insultar, ¿Hay que dialogar, tal vez?

Creo que hay que pensar un poco en esto. El mundo se termina con violencia, y el mundo comienza con diálogo.

Nada se reproduce con violencia y todo se reproduce con diálogo.

Habrá que ir por ahí.

Hay que siempre aceptar que todos los humanos pensamos distintos, sin matarse, manteniendo la cabeza abierta y la capacidad de amar por encima de todas la cosas. Nadie es menos por pensar distinto.

El mundo no empieza ni termina ahí.

Hay una enseñanza enorme en las discrepancias y lo que queda es aprovecharla.