Una sociedad con almas amputadas no va a servir nunca para nada

Sobre el abusivo encierro en esta maldita pandemia y la relación de esto con lo importante que es ir al agua a surfear unas olas


Debo decir que la cuarentena en Uruguay si bien tuvo sus dotes de traumática, fue un paseo en el parque comparado con lo que sigo viendo en algunas partes de América Latina.

Hace ya un mes y medio, capaz dos, incluso, que fuimos al agua con mi amigo Carle. Fue uno de esos fines de semana que estaba lindo, el sol brillando, 20 grados en otoño, y la gente, con precaución, tiró la chancleta y salió a las calles, a caminar y hacer deportes.

La costanera estaba llena, estuvimos un rato en el agua y cuando salimos un señor de unos sesenta y pico se bajó de un auto lujoso, barba crecida por descuidado, desalineado en su vestir, se acercó a preguntarnos sobre las tablas.

El tipo quería hablar con alguien, intercambiar unas palabras, estaba solo, la soledad lo escupía. Nos contó que se había comprado un kayak y quería saber si podía meterse al agua. Le contamos que sí, que ya estaba permitido en Uruguay hacer todos los deportes individuales.

Insistió en la charla de lo que hacíamos y lo alentamos, con ganas, porque creo que medimos bien la situación, el tipo la había pasado mal en esas semanas encerrado.

“Vaya, hoy que está lindo, mañana viene un temporal. Aproveche hoy mismo, señor”, le dijimos con respeto y aliento.

Ese fue uno, pero en la calle se ve a más de uno “golpeado” por la pandemia, cada vez menos porque la cosa fue mejorando (ojo que ahora aumentaron los casos), pero uno ve gente perdida por la calle, personas hablando solas, llegan mensajes de WhatsApp de uno que se perdió en la droga, otro que está esperando que abra su rubro para volver a vivir… Gente que tiene las cortinas bajas, gente que el encierro la golpeó, gente que pasó a ser distinta post pandemia.

Y yo hago un ejercicio muy básico: El país menos golpeado del continente por el Covid vivió esta realidad, ¿qué le espera al resto? ¿Qué le espera a aquellos que todavía tienen cuarentena obligatoria y toque de queda?

Da mucha pena y hasta un poco de miedo. Las secuelas van a ser pesadas y cuanto más tiempo pase, peor va a ser.

Surfear es parte de la vida del mar, fluye como una ola tras otra. El mar merece tener surfistas y los surfistas se merecen a él.

No hay que interponerse en esa relación tras no sé cuántos días de cuarentena.

“No hay prótesis para un alma amputada”, decía Al Pacino en Perfume de mujer.

Kicillof y Piñera, por mencionar un par, deberían despertar y mirar que la única salud no refiere al Covid-19 y que una sociedad con almas amputadas no va a servir nunca para nada.

Respeto al Covid, pero cuidado con el hambre, cuidado con las almas amputadas que no tienen prótesis.

Eso mata a una nación, y no hay nación si no hay alma.