El QS debería ser el medio y meta para generar ídolos y hacer crecer el deporte

Está mal planteado el sistema, repartiendo la torta entre 50 y dejando las migas para los otros 2000. Todo lleva a que no llegar al CT se considere un fracaso; un círculo vicioso del que habría que escapar


Foto de portada: Carlos Muñoz, un QS Warrior, héroe nacional top 100 del QS hace cinco años. 

Está cerrando un nuevo tour mundial de surf con el mismo formato, incluso más reducido, al que se adoptó desde 1994: Un tour de campeones (CT) y un tour de clasificación (QS).

Si bien este sistema resulta muy atractivo y disfrutable para la audiencia, el que lo ve, el lema “los mejores surfers en las mejores olas” mal o bien se cumple año tras año, tiene un problema gigante que vale la pena destacar:

Solo los 34 hombres y las 16 mujeres que llegan al CT se comen casi toda la torta que hay para repartir, son los únicos que festejan, son los que la WSL enaltece su imagen, son los que están mejor pagos y encima pueden competir en la divisional de acceso al mismo tiempo y no solo eso sino que ingresan varias rondas por delante que aquel que batalló todo el año en el QS.

Lo que esto genera es que aquel surfista que durante varios años fue top 50 del QS termine su carrera fundido, endeudado y cerca del fracaso, por no haber llegado al CT.

Y esto no debería ser así.

Es más cruel lo que sucede con la exposición que la propia WSL le da al guerrero del QS, lo que profundiza un círculo vicioso de penurias financieras por las que pasan los guerreros del tour de clasificación. ¿No puede haber una camiseta en la WSL store de Miguel Tudela, Cali Muñoz, Aritz Aranburu, Analí Gómez, Mimi Barona, Leilani McGonagle, Manuel Selman o Lele Usuna? ¿Por qué no?

Con la riqueza que hay en los 2000 surfistas del QS, ¿no vale la pena echar una mirada a lo que sucede por ahí?

Hasta el nombre no hace justicia, el 200 del “tour de clasificación” es en realidad el 232 del mundo y para llegar ahí al final del año hay que surfear muy bien. Seguro adentro de esos 200 y mucho más dentro de los 100 primeros, hay cientos de historias que valen la pena ser destacadas, perfiladas, fotografiadas, etcétera.

La segunda profundización del círculo vicioso son las reglas con las que todos aceptan jugar es el hecho de que el surfer de la “A” también puede jugar en la “B” y que entra en los torneos con varias rondas de ventaja.

En damas (que vale la pena repetir que no es igualdad de género que en un tour haya 16 mujeres y en el otro 32 hombres) es casi ridículo, en los 6000 las 16 del CT ingresan directo a cuarta ronda y así, al terminar el año solo aparecen dos caras nuevas y las otras 14 (15 con el wildcard por lesión) son las mismas año tras año.

Y además de esto, el surfista del CT llega a esos torneos con el intuitivo medio punto extra que sin intención el juez da, por el solo hecho de que se sea del CT. Se podrá decir que “se lo ganó”, pero no hay ni que subrayar que no es justo.

En este escenario, resulta hasta más heroica la actuación de los guerreros del QS: Tienen menos exposición por ende menos probabilidades de ganar dinero, entran más atrás en los eventos y compiten ante rivales con ventaja, desenfundan miles de dólares para llegar a una ola de 20 centímetros, competir 20 minutos y volver a casa con menos plata y el corazón golpeado.

En cualquier otro deporte el 50 del mundo es un ídolo de millones, en el surfing debería suceder lo mismo y no siempre tener esa inquietud presente de si se llega o no al CT.

La WSL, desde que fue comprada por ZoSea buscó siempre hacer que el show sea más show, más dramático, para llegar a más gente, a un público no endémico. Tal vez sea hora de que lleven adelante el cambio dramático de no permitir que el que está en el CT compita en el QS, o de cambiar el nombre de QS a simplemente tour mundial (y que los CTs sean “grand slams”), o de no solo seguir el CT como si fuese el fin del mundo y agrandar la esfera, enalteciendo a varios de los mejores surfistas del mundo que nacen, viven y mueren en el mal llamado QS.