La igualdad de género en el pago de premios en las competencias de surfing

El caso de Lucy Small y el planteo de que mujeres y hombres compitan entre sí. Escribe Rodrigo Caballero

Por Rodrigo Caballero

GOLEADOR VERSUS CIRUJANO
Un día, un periodista de esos a los que le gusta quedar bien con la audiencia bienpensante, le preguntó a un célebre médico argentino si no le parecía una injusticia que Messi reciba, por patear una pelota, tanto más dinero que él por salvar vidas.

El entrevistado fue lapidario: “Millones de personas alrededor del mundo pagan para ver a Messi jugar al fútbol. Nadie gasta un peso para verme operar”.

Esa respuesta, impregnada con la humildad y sabiduría de los grandes, significa que no importa lo que uno merezca ganar, sino lo que uno es capaz de generar. Injusto sería que Messi, siendo responsable por la millonada de euros que el público gasta en entradas, abonos a tv cable, payperviews, camisetas y demás chirimbolos, se llevara para la casa lo que, según el periodista que entrevistó al médico, merecería percibir. Siendo claro, que el merecimiento es algo tan subjetivo como el gusto de cada uno.

LUCY SMALL
Tras ganar un campeonato de tablas largas en Sídney, Australia, la surfista local Lucy Small, se subió al estrado, tomó el micrófono y pronunció un discurso reivindicativo: “Gracias a los sponsors por el dinero invertido en esta competición. Pero me gustaría decir que, tras saber que nuestro surfing no vale ni la mitad que el de los hombres, me llevo una victoria con sabor agridulce. Me costó lo mismo conducir hasta aquí, los vuelos tenían el mismo precio, el alojamiento costaba igual y nuestro surfing vale la mitad. Propongo que para la próxima edición piensen en este asunto…”, concluyó. Tanto aplaudió la gente que rodeaba el escenario que las manos les cambiaron de color.

Small estaba enojada porque su logro le redituó apenas 1.500 dólares australianos, mientras el campeón de la categoría masculina fue premiado con 4.000. Pero el verdadero motivo de su enojo se debía a que no se había detenido ni un momento a pensar. Small nunca piensa antes de protestar. Simplemente se calienta y despotrica. Tampoco conoce la historia del médico argentino que se narró al principio de esta pieza.

EL MERCADO MANDA
Antes de esgrimir un reclamo como el de Small, es importante plantearse las siguientes preguntas:

1) ¿Cuántas personas había en la playa durante los heats del evento femenino y cuántas durante el masculino?

2) ¿Cuántas personas presenciaron el evento femenino a través del internet y cuántas el masculino?

3) ¿Cuánto factura la división productos femeninos del patrocinador del evento y cuánto el masculino?

SOMOS TODOS IGUALES
Eso para empezar.

Small debería plantearse que la mejor manera de que el surfing sea un deporte justo e igualitario, y que los premios para las mujeres sean los mismos que para los hombres, es que no exista división por género. En cambio debería haber una única categoría para todos.

No existe a los ojos de quien escribe, ninguna razón que justifique la separación. No estamos hablando de boxeo ni de algún otro deporte donde el género defina la ventaja de uno sobre el otro. Esto es surfing. Aquí participan la ola, la tabla, el talento y la sensibilidad. No los bigotes ni los senos.

El refinado regular footer Josh Kerr no es lo que se considera un recio varón. Sin embargo, a juicio de este cronista, es el mejor surfista de la actualidad. No emplea en sus corridas la fuerza que le da su testosterona, sino la que obtiene del océano. Cada uno de sus cambios de sentido sobre la tabla son ejecutados en base a precisos y exactos movimientos del cuerpo, a la capacidad de leer la energía de la ola y al timing helvético con el que ata cada uno de esos aspectos.

Willian Cardoso, en cambio, se ubica en el extremo opuesto de Kerzy. Es un mastodonte brazuca que, a pesar de su "power" descomunal, no va a lograr jamás mezclarse entre los mejores del mundo porque, como se dijo antes, el surfing nada tiene que ver con la fuerza física.

Siguiendo con los ejemplos, Occy es un toro salvaje y Curren una pantera. Carroll un petiso musculoso y Dane Reynolds un gordito nerd. Kelly Slater un gringo ultrafit fanático de la alimentación sana y Mick Lowe un gordo bebedor de birra. Y así podríamos pasar toda la tarde, tirando nombres del mundo del surfing que contribuyan a demostrar que el físico y la polenta poco tienen que ver con la calidad surfera.

LA ÚLTIMA
Según informó el célebre astro pornográfico Tom Byron en un documental sobre el género que emitió la cadena HBO, el cachet de una actriz triple X es en entre 10 y 12 veces mayor que el de un actor. Eso ocurre básicamente por el mismo motivo que en general el surfing premia más a los flacos que a las chicas: La mayoría de los que consumen porno, lo hacen para ver mujeres y no pintas.

 

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